Son las 15:00 el frío se torna intenso como parte de los días de invierno en Santa Cruz de la Sierra, en oficinas de un amigo abogado, cerca al Palacio de justicia, concreto una entrevista con un personaje Ecuatoriano, nacido en Canuto – Manabí, de nombre Jesús Velez Loor, de 50 años, el cual tiene un porte atlético, y unos ojos que denotan franqueza, ya que tiene una mirada fija y penetrante. Jesús lleva consigo un historial de vida amplio, y siempre bajo el brazo, un folder con algunos documentos que muestra sobre el caso de abusos de derechos humanos que sufrió a finales del 2002 y parte del 2004 contra su persona en el Estado de Panamá.
Sin embargo, ya son 10 años, en los cuales Velez Loor vive en Santa Cruz-Bolivia en un distrito denominado Montero Hoyos, el cual es parte de Santa Cruz de la Sierra.
Él vive con su familia, trabaja en el rubro del transporte y parte de su tiempo, lo dedica a apoya una iniciativa denominada Pastoral Migratorio (es una organización que apoya a refugiados del exterior y también del interior, estas personas, tienen comida, vivienda, en algunos casos les apoyan con temas de papeles) y trata de borrar los malos recuerdos que le siempre le han perseguido. Comenta.
Todo Empezó…
En el año 2000, Ecuador cayó en una crisis debido a la transición de la moneda “Sucre” al “Dólar Americano”, a mucha gente no le quedó más que salir del país, ya que la crisis hacia que las cuentas bancarias se congelen, no había circulante, en fin, la situación no era de la mejor. Jesús cuenta, mientas agacha la mirada.
“Yo era comerciante de vehículos, inició a irme mal. El 2003 decidí irme a EEUU. Y para economizar los pocos billetes que tenía, por eso decidí irme por tierra que demandan aproximadamente 10 días desde Quito. Cuando llegué a Panamá, la policía me detuvo, ya que pasé por una zona de guerrillas, lo cual los policías pensaron que era guerrillero, me agarraron, me sacaron la ropa, me azotaron con un látigo que tenían en manos y me llevaron caminando a orillas de un río pedregoso llamado Tupiza enmanillado, sin zapatos y una cadena en los pies, otra en las manos. No puedo expresar el dolor y la impotencia de aquel momento. Llegamos a un pueblo de nombre; Nueva Esperanza, donde había un cuartel de la guardia fronteriza de panamá, habían muchos gritos, yo estaba confundido, cansado, sin ingerir agua. En ese momento me colgaron de los brazos a un tronco sin tocar el suelo, por un lapso aproximado de 8 horas”. Relata Velez Loor y se ve que la narración cala sus recuerdos, entrelaza sus manos toma una sorbo de café y continúa.
“Al otro día, despierto con una dolor intenso en las paletas y mis brazos y de manera nublada veo que estoy rodeado de indígenas, los cuales tenían tabarabos, las mujeres con niños en brazos, temblé de miedo pensando que iba a ser asesinado, sin embargo, ellos querían darme agua, intentaron ayudarme, recuerdo que dejaron una tutuma con agua en el piso y fueron ahuyentados por los Guardias Fronterizos. En ese momento llegó un helicopterito, me bajaron del tronco y me amarraron las manos junto a los pies en el suelo, luego me subieron a la nave donde me llevaron a “Metetí” una población donde vive mucha gente afro descendiente. En ese lapso de viaje, me enteré que los indígenas que trataron de ayudarme eran de la tribu “Emberá”.
Me tuvieron una semana en una carcelera, donde había muchos refugiados los cuales como yo sufrían muchos abusos de parte de la Guardia Fronteriza.
Luego de la semana, me llevaron a un puerto llamado Puerto Quimba, que es un puerto para salir hacia un centro penitenciario y también es utilizado para ciertos pobladores de la zona.
Me subieron a un bote y me llevaron a “La Palma” una cárcel a orillas del mar. Ahí empieza el calvario, el primer impacto fue ver a muchos presos del exterior, como también panameños, habían mujeres, niños, vi una mujer embarazada. La gente estaba mucho tiempo, decían que el que menor tiempo tenía era 6 meses.
El pabellón donde me instalaron, estaba prácticamente a orillas del mar, y por lo menos un día a la semana, las aguas subían y nos llegaban a las rodillas. Eran días y noches largas de pies, codo a codo con los otros presos”. Velez loor, se saca la gorra que llevaba puesto, se seca el sudor y evidencio que abrir su mente a su historia le trae un sentimiento de angustia. Sin embargo, me pregunta sobre el medio que será publicado. Nuevamente, toma un sorbo de café y continúa.
“En la cárcel, no había buena comida, no habían letrinas, habían muchos insectos, vivíamos en hacinamiento. Recuerdo que un día, los presos estaban cansados de tanta injusticia con ellos y decidieron hacer una huelga de hambre. Me sumé, y en el patio en una hora de recreo que nos daban para estirar las piernas, nos agarramos de los brazos y nos tiramos al piso, para mostrar nuestra insatisfacción a los abusos…en ese momento escuché la voz del jefe de la guardia que decía; A garrotes van a entrar. A las buenas o a las malas….” Relata Velez Loor, mientras se agarra la cabeza en una acción de fricción y continúa:
“Tuvimos 15 minutos de resistencia, sin embargo, siento que un palo golpea mi cabeza, la sangre cae por mis pupilas, mis manos están ensangrentadas por la acción de agarrarme la cabeza, quedo inconsciente. Al despertar me percaté que estaba en la celda, con una camiseta en la cabeza amarrada y bañado en sangre, los compañeros que me socorrieron me contaron que se veía el cráneo, un médico preso, hizo una sutura artesanal para evitar la hemorragia”. Velez sigue friccionando su cabeza, y evidencio que el hecho le trae una sensación de aquel momento.
“Al día siguiente, se escuchó una orden, que decía de los 29 extranjeros serán deportados 28, ….así que empezaron a nombrar a todos y no pensé que el que se quedaba era yo, me dijeron que yo estaba sentenciado, de algo que yo nunca supe.
Llegó un barco, el cual estaba lleno de migrantes, desde la orilla del puerto, con los guardias a lado mío, tuve la oportunidad de ver como el barco se iba y se perdía a lo lejos, veía unas poleras que se elevaban para despedirse de mí”. Ese es un momento en el que Velez Loor, decide tomar una vaso con agua. “Eso es duro, suena de película”. Comento sobre aquella escena de su historia. Velez Loor, responde al comentario “Si, una película que nunca desearía que nadie la protagonice”.
“Al día siguiente. En la madrugada, alguien entró con una linterna me alumbró y dijo mi nombre indicando “ya te vas”, enmanillado, me subieron a una lancha. No sabía que iba a ser de mí. En las manos de un Guardia, vi un sobre el cual decía mi nombre debajo de el la palabra “condena”. Al llegar al destino, el sobre pasó a manos de un superior. Me subieron a un camión y me llevaron a una prisión en la ciudad de Panamá denominado “La Joyita”. Me hicieron entrar a un pabellón de 54 metros cuadrados, aproximado, para extranjeros. Donde habían como 320 personas, los días siguientes, conocí como a 25 personas que tenían casos similares a al mío.
Recuerdo que no había espacio para transitar, mucha suciedad, mal olor, ropa colgando, la gente no tenía espacio ni para echarse, cada dos días habilitaban el agua para asearse, cada uno debía tener tu pequeña botellita plástica. A la comida se la denominada “La arrastrada” llegaba con una roldana, la gente muchas veces se peleaba por la comida. Un té con un pan en la mañana, al medio día arroz con un pedazo de chorizo. Muchas veces vimos eses de ratones en las porciones. Las noches eran tristes, varias personas se hicieron evangélicos. Dentro del pabellón había grupos xenofóbicos, racistas, era duro estar ahí, porque podías ver la pobreza humana en desesperación.
Recuerdo que me regalaron una toalla, la cual colgué al techo y me permitió pasar mis días colgado”. Una sonrisa sale del Rostro de Velez Loor, cuando relata ese momento. Segundos después se torna nuevamente serio y con viva voz relata:
“En enero del 2003, me llegó una carta de sentencia, firmada por Ilka Rosana Varela de Bares, la cual era Directora de migración, la carta decía: “Se condena al Sr. Jesús Velez Loor a dos años de prisión, a sufrir trabajos forzados, en Isla Penal de Coiba”. Nunca me llevaron a esa isla. La Señora Ilka asimilo una función que no le correspondía, ya que una pena le corresponde a una instancia judicial y ella era Directora de Migración”. Señala con mucha seguridad en su relato Velez Loor.
“Me tocó estar desde la última semana de diciembre del 2002, hasta el 1 junio del 2003. Antes del traslado, yo hacía varias gestiones, escribí varias cartas para que lleguen a la embajada de Ecuador. Recuerdo que dos veces al mes hacían una requisa denominada “El 11”, donde botaban gas lacrimógeno dentro el pabellón, y nos hacían salir por una puerta de 1 metro de ancho. Salíamos desnudos al patio, nos tiraban al piso, mientas que ellos revisaban rincón por rincón el Pabellón. Ahí se encontraban armas, teles pequeñas, entre otras cosas, las cuales eran parte de la corrupción de entre los guardias panameños y algunos presos. No todos eran santa palomas ahí”. Indica Velez Loor.
“Recuerdo, nos cortaron el agua por 15 días, sobrevivimos con el té de la mañana y almacenábamos la orina en botellas para beber. La defensoría del pueblo llegó a verificar nuestra situación. Gran parte de bolsas con eses en un rincón, el mal olor era algo que no puedo describir, pero era una situación paupérrima.
Pasaron los días, antes del primero de junio, me sentía agotado, tenía una úlcera, mi brazo adolorido, decidí tomar medidas extremas, porque no tenía nada, estaba por algo injusto, jamás estuve en un tribunal, en ese momento, me di cuenta que no tenía nada que perder.
Organicé a algunos compañeros presos para que hagan bulla y avisen a los policías que había alguien que estaba haciendo Huelga de Hambre. ¡Hay uno que está en huelga de hambre! Eran los gritos.
Me había costurado la boca desde las 6 de la mañana. A las 9 de la mañana llegó Adalides Batista. Director carcelario. “quién es jesus velez?” preguntó, me identificaron y sacaron arrastrando, había escrito una carta, ya que no podía hablar. Quería hablar con Ilka Barela, para preguntarle por qué me dio esa sentencia.
Recuerdo, que trataron de extorsionarme y quisieron hacerme firmar unos papeles, no los firmé….me llevaron a otro pabellón de máxima seguridad, pabellón 12, donde mi primer impresión fue ver una tortura a un grupo de presos acostados en el piso desnudos.
Llegué al lugar cometido y me desgarraron los labios costurados. Escuchaba gritos terroríficos, las personas ahí no tenían ya voz para expresar su dolor e impotencia.
Ahí aguanté hasta septiembre de manera moribunda. Para las noches, tenía unos cartones. Tantas fueron las torturas que me reventaron un testículo, mis pies empezaron a tener protuberancias, ya no podía caminar”. En ese momento del relato, Velez Loor, se pone en pies y se apoya a la pared, me mira y dice, “no le deseo a nadie tanto sufrimiento”.
“Un día llegó un cura español para atender a las personas moribundas y confesarlas, hable con él, le expliqué mi situación, me escuchó muy atento, me pidió todos mis datos y dijo que haría todo lo posible. Lo vi salir pausado por los pasillos” Cuenta Veliz. “Un momento de esperanza?”. Le pregunto. Me mira a los ojos y dice “Si”, con voz suave apenas resonante.
“El 9 de septiembre a las 2 de la tarde, escucho unas botas y veo la luz de una linterna, una voz gritando mi nombre. Me ubican y dicen “eres libre”, me saca moribundo, no podía caminar, lo cual llamaron a otro policía para que me arrastre. Yo estaba muy mal.
En la prevención me metieron a un cuarto pequeño con una vela. Luego escuché una vos americana de una señora, la cual empezó a discutir sobre mi caso indicando injusticia. Ya estaban las puertas abiertas. En la noche vi a Ivonne Garces Almeida, era la cónsul de Ecuador en Panamá, quien hizo los trámites para mi deportación.
El 10 de sept de 2003 me trasladan al aeropuerto internacional Tocumen, a las 9 de la noche me pusieron en un avión de Avianca hasta Guayaquil.
Estuve detenido nuevamente, y dijeron que me investiguen por casos de terrorismo y supuesta vinculación a la guerrilla de Las FARC y supuestos documentos falsos. Nunca encontraron nada en mi contra. Un policía me ayudó, me regaló 10$, visité a la casa de una amiga, de años, me ayudó con 200$ para volver a casa. Me fui, volvía a casa, ya no era mía, mi esposa había vendido todo, me enteré que se había vuelto a casar y que mis padres fallecieron”. Narra Velez Loor, le pido tomar un descanso y luego profundizar su lucha.
El Detonante.
Todo lo anterior, fue el inicio de Velez Loor, quien evidención en carne propia toda la injusticia en aquellas cárceles de Panamá, decidió ir a Quito sin un peso en el bolsillo, para sentar una denuncia en contra aquel estado, la primer instancia a la cual recurrió fue la Defensoría del Pueblo, ahí no dieron curso a sus demandas. Luego presentó una denuncia, la cual fue presentada a la embajada de Panamá en Quito, ante la embajadora Alba Tejada De Rolla, la cual recibió la causa, le pidió que vuelva en una semana. Pasó el tiempo y no le dieron respuesta, cuenta Velez, que por su mente pasaron muchas luces de venganza por todo lo que le hicieron.
“En Algún momento pensé matar a toda la diplomacia Panameña. En el mercado negro conseguí una pistola y un cuchillo. Hice un plan para no dejar a ninguno vivo. La venganza en mi mente era latente, no tenía tranquilidad. Porque mi caso era burlado. Había dejado varias cartas en mi correo para que los investigadores sepan sobre mi causa” Relata Velez Loor, luego de abrir su folder y sacar algunos documentos.
Cuenta que había creado un plan siniestro para liquidar a toda la diplomacia, había estudiado durante una semana todos los movimientos de aquellos funcionarios. Sin embargo, cierta tarde, por su lado pasa un viejo pastor conocido que llevaba un perro. Lo ve y lo reconoce. Claro, ahora estaba flaco, demacrado, le preguntó qué hacía, con la desesperación que le nacía, decidió contarle su plan entre lágrimas e impotencia. El Pastor tomó el arma, la guardó y le invitó a su casa.
“Me dio una habitación, comida…me sentí bien esa noche y las otras noches de la semana que me quedé. Alguien me aconsejó que pudiera hacer otros mecanismos para cambiar y denunciar mi situación, decidí adentrarme al internet, y entré a la página de la comisión interamericana de derechos humanos. Me dieron pautas cómo iniciar procesos contra los estados.
Encontré una serie de instrumentos para personas que hayan sido torturadas en algún estado de los Estado Americanos, ahí encontré una formato y mandé a la comisión.
A los días me mandaron una respuesta, lo cual me alivió y empezó a cambiar mi actitud, ya que podía ir por vías judiciales. La comisión siempre me daba respuestas positivas. Se hizo audiencia conmigo” Relata Velez Loor.
Habían pasado dos años y medio para dar admisible la causa, llamaron al estado de panamá representado por el Embajador de Panamá Aristides Royo (ex presidente del estado Panameño) ante la OEA.
Se desarrollaron los alegatos correspondientes, la comisión evaluó la causa y se dieron todo el medio para desarrollar la causa, la comisión dio un espacio para alentar a las partes a realizar algún acuerdo exigido por la comisión, sin embargo el estado panameño no tenía voluntad política para acceder a un acuerdo amistoso. De ahí en adelante la comisión interamericana, decidió demandar al estado ante la corte interamericana de derechos humanos, con sede en San José – Costa Rica.
El 2008 se llevó una audiencia de fondo convocada por el CEJIL, para ampliar la demanda contra el estado panameño.
El año 2010, el 24 y 25 de agosto, el Presidente de la Corte Interamericana, llamó a audiencia a las partes involucradas a que vayan a rendir pruebas de descargo, donde Jesús Velez Loor representado por el Centro, Justicia y el Derecho Internacional CEJIL y diferentes organizaciones de DDHH y de justicia expusieron sus alegatos, la relatora de lo DDHH también.
En noviembre de 2010, la corte emite una condena internacional contra Panamá indicando el reconocimiento de violación de Derechos Humanos contra el ciudadano Ecuatoriano, en ciertos aspectos parciales, ordenando a Panamá a reparar daños y perjuicios con una suma de 59.000 dólares, donde 24000 $ fueron para cubrir cotos procesales por gestiones realizadas a través de la CEJIL, quedando Velez Loor, con una suma en efectivo de 25.000 dólares a su favor.
Tal monto no fue cancelado luego del fallo, sino más bien, dieron un plazo de un una año, el cual se venció en diciembre del 2011 y al principio de enero de 2012, entró en huelga de hambre a las puertas de la embajada de Panamá en La Paz, estando 58 día en huelga, a eso se sumaron protestas en Quito, en Ecuador, marchas en España.
La corte estableció una serie de medidas que van a favor de los migrantes en el continente de las américas.
- Una de ellas es que un migrante nunca debe ser castigado con penas punitivas.
- Hacer cambios en las políticas migratorías en Panamá (Hacer cambios en las cárceles de panamá, poner médicos)
- Llevar a los responsables de las torturas ante la justicia, cosa que hasta la fecha no ha ocurrido.
En febrero del 2015, CEJIL y la corte interamericana, se pronunciaron y convocaron a audiencia al Estado Panameño por incumplimiento que habían establecido y el 1ro de junio 2015, Velez Loor, fue llevado a Panamá a declarar e inspeccionar algunas cárceles donde fue torturado, la investigación estaba a cargo del Fiscal Justo Marcial Ortega. Quien prometió hacer justicia en menos de 6 meses. “Ya es un año y no se hizo nada. Y la Persona implicada Ilka Varela ha sido promovida a desarrollar un cargo diplomático como Embajadora de Panamá en Portugal”. Expresa molesto Velez Loor.
Inicialmente, nunca pensó que le iban a dar una compensación, luego averiguó que esa compensación debió haber sido millones, sin embargo, “termina la pesadilla y comienza el nuevo sueño” Concluye. Jesús Velez Loor.
Fuente.
Comunicado de Prensa
CORTE INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS CASO VÉLEZ LOOR VS. PANAMÁ SENTENCIA DE 23 DE NOVIEMBRE DE 2010 (Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas).

