Cuando todo
empieza a partir de ligeras incertidumbres sobre la paternidad, de dichos , mitos y
comentarios, vas llegando a un climax de
nerviosismo, algunas veces bajas la
guardia y dices que sea lo que tiene que ser, te preocupa ella y lo que tiene
en su vientre, no sabes qué hacer o qué decir, bueno....en mi caso todo eso y
más fue lo que me ocurrió.
Cuando todo
estaba listo según lo programado, 38 semanas de gestación y una cesarea que
esperaba, todo se tornó fuera de control (bueno, así parecía). Eran las 3 de la
mañana, mi bella esposa alarmada despertó y me despertó. con susto pregunté qué
pasaba, "Creo que la bebé va a nacer" me respondió. En un trampolín se
convirtió la cama que me ayudo a ponerme en pies, llamé al doctor a las 3:15,
el cual me dio las indicaciones para poder asistir a Prosalud, aunque
titubeando me indicó que la niña todavía era prematura y que necesitaba una
incubadora, que en Prosalud, no había.
Claro, todo
esto pasó entrando a la semana 37, faltando 10 días para cumplir lo
planificado...entenderán todos esos nervios de mi esposa y los míos, pero,
alguien no debía perder el control...y ese debía de ser yo, así que con la
mayor tranquilidad, la llevé a Prosalud, luego que nos dijeron que no podían
atenderla ahí, nos fuimos al seguro de la Caja Nacional de Salud (CNS). Una vez
más evidencié lo mal que está nuestro sistema de salud, entrar al edificio fue
como adentrarse a una casa del terror; oscuridad,
pisos rotos, escaleras desmanteladas, cañerías a la vista, cables, sucio, mala
atención, y sobre todo negligencia, eso lo voy a recalcar...todos esos
detalles, nos hicieron tomar la decisión de abandonar el recinto e ir al
Hospital de la Villa Primero de Mayo. Recordé
que un querido amigo, nos había recomendado que ese hospital, era uno de los
mejorcitos respecto a toda esas cosas ya antes mencionadas, sin dudar nos
fuimos, escapando de la CNS. Ya eran las 6:00 de la mañana, mi esposa, se sentía
más débil, hasta que por fin nos atendieron, un monitoreo para empezar, revisión
del médico y las palabras mágicas "En dos horas operamos".
No pretendo contar todo el proceso después de
esas horas, sin embargo, personas queridas estaban con nosotrxs, nos
acompañaron y brindaron por nuestra felicidad.
Cuando vi a
esa mujer maravillosa, fuerte y valiente en su habitación, ella abrió los ojos
y con un toque de fuerza ante el dolor
que padecía, de su rostro salió una sonrisa, luego trajeron a su lado a aquel
ser pequeñito, frágil, al cual no dejé de mirar y entender todo lo que
inicialmente escribí. En esos segundos empecé a sacar mis propias conclusiones
ante aquel detalle, y llegué a la conclusión de que mi corazón da la razón al amor,
entendí que ese pedacito de mí sería el motor para quién vivir y amar.
Muchas
gracias Lorena Vargas por hacerme tan feliz a tu lado y muchas gracias por ser
la madre de este hermoso milagro a la cual hemos denominado "Amaya" (La hija
querida).
Muchas
gracias familia y amigxs.
Gracias por
festejar por esta bendición.
