jueves, 12 de marzo de 2015

La situación se llama "Ser Padre"

Cuando todo empieza a partir de ligeras incertidumbres  sobre la paternidad, de dichos , mitos y
comentarios, vas llegando a un climax de
nerviosismo, algunas veces bajas la guardia y dices que sea lo que tiene que ser, te preocupa ella y lo que tiene en su vientre, no sabes qué hacer o qué decir, bueno....en mi caso todo eso y más fue lo que me ocurrió.

Cuando todo estaba listo según lo programado, 38 semanas de gestación y una cesarea que esperaba, todo se tornó fuera de control (bueno, así parecía). Eran las 3 de la mañana, mi bella esposa alarmada despertó y me despertó. con susto pregunté qué pasaba, "Creo que la bebé va a nacer" me respondió. En un trampolín se convirtió la cama que me ayudo a ponerme en pies, llamé al doctor a las 3:15, el cual me dio las indicaciones para poder asistir a Prosalud, aunque titubeando me indicó que la niña todavía era prematura y que necesitaba una incubadora, que en Prosalud, no había.

Claro, todo esto pasó entrando a la semana 37, faltando 10 días para cumplir lo planificado...entenderán todos esos nervios de mi esposa y los míos, pero, alguien no debía perder el control...y ese debía de ser yo, así que con la mayor tranquilidad, la llevé a Prosalud, luego que nos dijeron que no podían atenderla ahí, nos fuimos al seguro de la Caja Nacional de Salud (CNS). Una vez más evidencié lo mal que está nuestro sistema de salud, entrar al edificio fue como adentrarse a una casa del terror;  oscuridad, pisos rotos, escaleras desmanteladas, cañerías a la vista, cables, sucio, mala atención, y sobre todo negligencia, eso lo voy a recalcar...todos esos detalles, nos hicieron tomar la decisión de abandonar el recinto e ir al Hospital de la Villa Primero de Mayo. Recordé que un querido amigo, nos había recomendado que ese hospital, era uno de los mejorcitos respecto a toda esas cosas ya antes mencionadas, sin dudar nos fuimos, escapando de la CNS. Ya eran las 6:00 de la mañana, mi esposa, se sentía más débil, hasta que por fin nos atendieron, un monitoreo para empezar, revisión del médico y las palabras mágicas "En dos horas operamos".

No pretendo contar todo el proceso después de esas horas, sin embargo, personas queridas estaban con nosotrxs, nos acompañaron y brindaron por nuestra felicidad.

Cuando vi a esa mujer maravillosa, fuerte y valiente en su habitación, ella abrió los ojos y  con un toque de fuerza ante el dolor que padecía, de su rostro salió una sonrisa, luego trajeron a su lado a aquel ser pequeñito, frágil, al cual no dejé de mirar y entender todo lo que inicialmente escribí. En esos segundos empecé a sacar mis propias conclusiones ante aquel detalle, y llegué a la conclusión de que mi corazón da la razón al amor, entendí que ese pedacito de mí sería el motor para quién vivir y amar.
Muchas gracias Lorena Vargas por hacerme tan feliz a tu lado y muchas gracias por ser la madre de este hermoso milagro a la cual  hemos denominado "Amaya" (La hija querida).

Muchas gracias familia y amigxs.


Gracias por festejar por esta bendición.